Daydreaming

Iba un 2016 en plena carrera para culminar como “un año más”.

De repente un día de mayo, en Twitter, leo: “Burn The Witch  de Radiohead”, con un link de youtube. Al no ser muy crédula, pregunté sobre la trama del video. La respuesta me congeló la sangre: “es lo nuevo de Radiohead“. No lo podía creer.

Llegué a casa casi desesperada. Después de maldecir mil veces al proveedor de internet banda ancha por su pésimo servicio, procedí a escuchar. Una vez. Dos veces. No puede ser. Tres veces. Las cuerdas son geniales. El sonido de la podadora o lo que sea. La trivialidad del pajarito. Y luego la letra intensa. Yo no podía entender lo que estaba pasando. Cuarta vez. El bajo es brutal, me recuerda a las síncopas en “Airbag”. Bendito sea el creador, LAS CUERDAS. Mi cerebro se quedó pegado. LITERALMENTE PEGADO. Sólo recuerdo haber tarareado muchas veces “Burn The Witch”. Hasta el sol de hoy. Una de mis favoritas.

Un par de días después, salió un segundo video. “Daydreaming” fue publicado el 6 de mayo con la leyenda: Sacado del nuevo álbum que saldrá al aire el 8 de mayo de 2016 a las 8 pm BST.

NO. PUEDE. SER.

Luego prestar atención a la abyección. El video no me cautivó como la maravilla en stop-motion the “Burn The Witch”. Thom tiene el pelo grasoso, pensé. Pero entonces algo pasó, Thom entró a la cueva donde se sintió en casa, y los contrabajos empezaron a latir. Me enamoré. Dos veces. Tres veces. Y encontré la fragilidad del engaño sumamente deliciosa. Una exquisitez, la mentira de soñar despierta.

(Demásestádecirqueesefindesemanafueagónico)

Creo que nunca había sentido tanta expectativa por el lanzamiento de algo. Nunca. Pero sí, pasé ese fin de semana leyendo sobre #LP9, en todas partes, fanáticos confundidos y desesperados como yo; y escuchando mucho Radiohead, que por alguna extraña razón había abandonado. El domingo 8 fue espectacular. La radio de la BBC (@bbc6music) en conjunto con Radiohead, decidieron transmitir en vivo a partir de las 2 pm EST (8 pm BST), una por una las 11 canciones que componen, finalmente,”A Moon Shaped Pool“, el tan ansiado #LP9. Creo que nunca había llorado tanto por un motivo tan trivial, pero cuando empezó la transmisión, estaba tan ansiosa que tan pronto el locutor dijo: “Here’s the first track of Radiohead’s new album, ‘A Moon Shaped Pool'” me solté a llorar.

Más de un mes ha pasado desde ese día. 42 días para ser exactos. Incontables veces he escuchado el disco. Siempre concluyo que es precioso. No es mi favorito, pero no deja de ser maravilloso.

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Radiohead dejó atrás la furiosa guitarra explícita, en “Hail To The Thief“. Con eso hay que reconciliarse, y seguir. Estar toda la vida añorando a que vuelva es inútil. El tiempo pasa y se encuentran nuevas formas de expresarse. Una extraña melancolía experimental se apoderó de “In Rainbows“, que con facilidad es mi disco favorito de la banda. Después de casi 10 años de giras y un disco que no salió muy bien (“The King Of Limbs” es de lo peorcito porque no tiene mucho de la esencia, parece un proyecto como para salir del paso, con momentos muy hermosos, pero nada significativos ni trascendentales). Entonces vino el silencio. Siguieron presentándose en festivales e inclusive salió un disco de remixes de “The King Of Limbs”, al que no le hice mucho caso por no ser muy fanática de remixes electrónicos. La presentación de Live From The Basement sí fue un espectáculo, mejor inclusive que el disco original.

Pero volviendo al tema. Son 11 pistas mezcladas. Muchas son canciones viejas, presentadas en conciertos, pero nunca grabadas en estudio.

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Sin embargo el tratamiento de la creatividad confinada le da a las canciones un aire misterioso y concatenado, sin revelar mucho de lo que las inspiró en sí. La más impresionante para mí fue “Present Tense”. Nunca antes la había escuchado a pesar de ser una de las canciones viejas, presentadas previamente. Comienza con ritmos e instrumentos propios de la Bossa Nova. Sí. Radiohead y Bossa Nova. y hasta el final no me lo podía creer. Y sí, es intencionalmente una Bossa Nova. Es genial, nunca pensé que bailaría Radiohead con ritmos tropicales.

Me gustó también que hay trocitos de canciones viejas (más) en las versiones de estudio de AMSP. Por ejemplo, el inicio de “Ful Stop” me recuerda a “Cuttooth”. El de “Tinker Tailor…” me recuerda a “Supercollider”. Y así. Son detallitos tipo Easter Eggs, que me parecen agradables para lograr atención y reflexión.

Cada canción tiene su sitio. Y te pone en ese sitio. De “Glass Eyes” lo que más me impacta es el cello al final, con un vibrato tan doloroso que pareciera llanto ahogado. La letra siempre recurre: “estoy donde no debo estar, me iré sin importar a dónde”. A eso creo que se refiere todo esto, a ese momento en el que te ves a través de toda tu vida y dices, no quería estar aquí pero aquí estoy. También hay cierto cinismo, hartazgo de todo lo que siempre está mal, una y otra vez. Un eterno soñar despierto con que las cosas algún día estarán mejor. Mientras tanto, se baila para obviar el presente.

Porque el verdadero amor espera y no muere escondido en un ático. Espera en la melancolía del inicio, en la tristeza de lo que pudo ser. Pero espera entre ecos de pianos confundidos y mezclados tan perfectamente que parecen olas de tiempo al pasar.

Un aparte para la guitarra de Jonny Greenwood. En “Identikit” es, revivió. Y mientras los corazones rotos hacen llover, un grito permanente revienta la paz de la percusión tímida, para explotar al final y hacerse cargo del último desahogo, del respiro, del rompimiento con esa derrota increíble.

En general, el disco me parece excelente. Arreglos brutales de cuerdas que teletransportan a todas partes. Salpicones de sintetizadaor + piano + percusión que hacen soñar. Redenciones de canciones y emociones y esperanzas. Disecado hasta lo más minúsculo, hasta la más pequeña corchea. Sin mucho que explicar. Un punto de quiebre y reflexión personal.

Just don’t leave.

Esperando #LP10 con ansias ya.

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#1S: Impresiones sobre la marcha

He decidido contestar la pregunta.

Estoy escribiendo sobre lo que estoy pensando con un leve dolor de cabeza y sentimientos encontrados.

Participar en la #TomaDeCaracas hoy 1 de septiembre me dejó con varias impresiones en la cabeza.A continuación un ¿breve? resumen con mi opinión sobre ellas.

-Ya me dijeron esta semana, que debo aprender a ser breve-

La primera de ellas es la madurez con la que muchos han asumido el compromiso de intentar rescatar a Venezuela de las fauces de la infamia, que casi la ha devorado por completo. Por supuesto, hay excepciones, como la muchacha que vi jugando Pokemon GO. Pero ya esa es harina de otro costal y cada quien con su obsesión.

[Siempre que no lastime a nadie, no le veo ningún problema]

La segunda es que la gente quiere protestar. La gente quiere cambio. Aunque no sé muy bien si comprenden la profundidad del cambio que debe sufrir Venezuela tanto en lo político y económico, como lo social, y lo doloroso que resultará. Nunca habrá sido tan difícil salir de una recesión y una descomposición como la que se traga a Venezuela. La gente está muy dispuesta a pedir revocatorio, pero no sé si a renunciar a la política “regalista” (sic) , que en el fondo, es lo que ha contribuido en gran parte a perforar la economía y socavar las bases de nuestra estabilidad.

Pilares de arena.

La tercera es que, obviamente, la gente tiene esperanza. La gente está dispuesta. La gente sabe que no es sentarse a esperar. Saben y están dispuestos a hacer lo que haya que hacer, porque estamos viviendo un capítulo sumamente oscuro, y debemos entender que de no hacer algo pronto, de no haber un cambio pronto, no habrá luego vuelta atrás.

Lamentablemente no me quedé lo suficiente para escuchar las palabras de los dirigentes, pero pude alcanzar la gran tarima ubicada en plena Av. Francisco de Miranda a la altura de Chacao, para conocer lo que dirían a esa masa esperanzada de gente dispuesta. Sólo pude escuchar la primera parte, de dirigentes estudiantiles tratando un poco escuetamente, de defender a la muy golpeada y vilipendiada Academia. Nombraron a sus representantes encarcelados y perseguidos, y se plantearon en pie de lucha, como siempre ha sido desde que la Universidad existe en Venezuela como fuerza de cambio.

El momento del himno nacional fue escalofriante. Pero en el buen sentido. Confieso que no lo canté, porque estaba grabando. Unos pasos más adelante, una muchacha intentaba conversar con alguien por teléfono y, en vista de no poder por el estruendo, decidió alzar su equipo para que el interlocutor escuchara mejor lo que estaba pasando. Se cantó dos veces, la primera estrofa y el coro, como suele estilarse porque el himno es largo. Luego la gente espontáneamente empezó con el verso “seguid el ejemplo que Caracas dio”, que cierra la última estrofa de 3 que tiene la canción nacional.

Seguid el ejemplo que Caracas dio.

Ese ejemplo quizás ha venido un poco tarde. Hemos tolerado muchos abusos de las instituciones con un silencio que pudiera catalogarse erróneamente como estoico. La gente está sufriendo. Sofocada en múltiples angustias. Es diabólico haber permitido que se llegara a esto, y por eso nunca dejaré de pensar que siempre ha sido parte de su plan. Sobre todo porque estos niveles de miseria ya se han vivido antes, en otros experimentos socialistas fracasados que no han dejado más que una estela de dolor y muerte. Pero siguen repitiéndose, perfeccionando su maldad.

Y este experimento aterrizado en Venezuela se perpetuó en parte por apoyo masivo y en parte por complicidad silenciosa. Pero ya comienzan a aparecer los efectos adversos a mediano plazo de una droga que por mucho tiempo se abusó con disfrute. Ahora para corregirlo, nos está costando un mundo. Ni hablar de erradicarlo, eso parece ser una lucha cuesta arriba. Y para curarlo, sólo el tiempo dirá si habremos aprendido la lección.

Pero hoy sirvió para decirnos a nosotros mismos, con los oídos y ojos del mundo atentos, que ya estamos en otra página de la historia, donde no cabe el ch-abismo, que sistemáticamente ha venido torturando a Venezuela y sacándole la vida durante lustros de paso veloz. Sin ánimos de sonar a cliché, tenemos muchas heridas que sanar. Tenemos que reconciliarnos con nuestra ciudadanía. No podemos permitir que nos vuelvan a arrollar unas instituciones corruptas sin alzar la voz y hacer algo al respecto. El poder no respeta humanidad.

El poder arrolla y arrasa y no pide permiso. Para cuando termina de dañar, no queda nadie a quien pedir perdón.

Sin embargo, seguimos guindados, a la expectativa de un milagro. A ver si la manifestación masiva de voluntad de cambio le tuerce la terquedad a los que nos están trancando el camino de regreso a la civilidad. Esperando que a los delincuentes que secuestraron las instituciones y a la Constitución Nacional misma, se les ablande el orgullo y permitan que el pueblo determine su destino. Suplicándole a las parcas que tejan para Venezuela una tela hermosa, que la saquen de este soponcio eterno de inercia asesina que nos lleva por el despeñadero, después de haber salido a la calle un par de horas.

Con una falla grave de traducción del mensaje por parte de los dirigentes.

La gente ya no cree en mensajes de tarima como métodos de presión y cambio. Necesitamos acciones directas y persistentes, más allá de un exhorto, una súplica, una orden gritada a un micrófono, dirigida a una persona, o a varias, que ultimadamente no escucharán y por supuesto, harán caso omiso del mensaje del pueblo, de donde nace y a donde cae todo el poder. Al menos, eso dicen los expertos en el tema. Yo apenas soy una médico jugando a intentar dar sentido a todo este desastre socialista que nos ha tocado vivir y sobrevivir. Para que los que vienen no tengan que vivir esto de nuevo, preferiblemente nunca más (o al menos nunca tan mal, porque siendo la historia cíclica, este evento está destinado a repetirse dentro de algunos años).

Entonces, pienso en el sinsabor de haber hecho el esfuerzo (atravesar el país en muchos casos), de haber sumado suficiente coraje para salir a manifestar, a alzar la voz. A sumar voluntades para demostrar la inmensa fuerza que somos, cuando nos unimos en paz. Todo para terminar puntualmente a la hora pautada, devolviéndonos luego a nuestras casas (de nuevo, yo me retiré antes, por cuestiones de seguridad). Entonces sólo puedo asumir que los convocantes, pensaban en evitar que la manifestación se descontrolara, que la gente se cansara o que la delincuencia y los esbirros del régimen arremetieran contra el estimado millón de personas que acudieron hoy a marchar.

Pero el habernos devuelto a las casas sin un logro tangible, más allá de haber participado en la manifestación política más importante de nuestra historia contemporánea, es muy peligroso. Porque las emociones están muy lábiles y, como dije antes, todo pende literalmente de un hilo. Nuestro país necesita que logremos el cambio, más que salir a demostrar que queremos lograrlo.

Un paso muy importante, pero no el único. Hay que seguir andando, y si no damos el siguiente pronto, no pondremos a andar el tan anhelado cambio que más que merecer, es nuestro deber conseguir. Como ciudadanos involucrados estrechamente con el destino de nuestro país.

Gracias por leer el desahogo de esta simple mortal.

Seguiremos adelante. Creyendo en que lo lograremos.

Sara.

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¿En qué estás pensando?

[Como es habitual, una pequeña nota introductoria a un escrito que quizás sea de lo muy poco que produciré en 2016. Como es poco habitual, en esta oportunidad la nota no será explicatoria de por qué ya casi no escribo. Simplemente me lanzaré a poner en contexto la situación y a arrancar la riposta.
Estaba revisando una de mis redes sociales, y leyendo a uno de mis contactos, me entero de una nueva forma de violencia hacia los ya vilipendiados médicos venezolanos, o mejor, a todos los trabajadores de salud. No daré detalles porque dicho hecho no ha sido confirmado (probablemente nunca lo sea, porque eso ya es lo normal cuando de atropellos se trata), pero para los fines de este escrito, tampoco hacen falta muchos. Dicho todo esto, decidí desahogar algo que ya tengo bastante tiempo diciéndole a mis compañeros de trabajo, palabras que se estrellan contra las caras incrédulas y los “no vale, ¿tú crees?”, pero que yo no dejaré de repetir, porque lamentablemente, a veces el sentido del servicio, la vocación o la dedicación nos ciegan ante las realidades y las muy reales posibilidades de sufrir como consecuencia de ejercer nuestras carreras “como sea”.
Bien, pues, a continuación, el escrito.]
Pensando en las condiciones en las que trabajamos en el sector salud. Las DEPLORABLES condiciones, que nos dejan además en un estado absoluto de impotencia e indefensión. Las IMPRESENTABLES condiciones en las que somos también objeto del más ignorante de los odios y reconcomios, el más divisor de los discrusos, el más atemorizador de los objetivos.
*
Como médicos o enfermeros o personal de salud en general, estamos comúnmente avocados al apoyo de nuestros pacientes. Delegada en nosotros la resposabilidad del cuidado de nada más y nada menos que sus vidas, en mayor o menor medida. Confiando en que nuestra dedicación, junto con vocación, entusiasmo y preparación académica y humana, nos harán los mejores candidatos para llevar a cabo la delicada tarea de batallar contra un mal, y de ser posible, sacar de las fauces de la muerte todas las vidas humanas que nos sean posibles, a corto, mediano o largo plazo. También confiando en todos esos atributos que, llegado el momento final, nos volverán ese imprescindible apoyo y guía en tiempos turbulentos.
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En Venezuela, pasamos por ambos extremos del espectro: hoy somos ángeles de la guarda a quienes nos agradecen enormemente todo lo que hacemos por y para nuestros pacientes, y mañana somos demonios egoístas, peseteros mercenarios, capitalistas asesinos que nos robamos los insumos hospitalarios para revenderlos en el mercado negro, o negamos la atención médica por el estrato social de un paciente. Así de disparatadamente separados son los límites de la percepción general del ejercicio en la salud venezolana.
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Siendo este absurdo parte de la cotidianidad del discurso, no es irracional que en medio de todo, salpiquen hechos impensables como el que acabo de leer, que no repetiré a fin de no iniciar una matriz de opinión en base a un hecho sin confirmar, un rumor de pasillo. Pero lo que busco resaltar, en esta oportunidad, es nuestra inmensa vulnerabilidad en medio de toda esta crisis de salud. Una crisis sin precedentes en la que la falta no es sólo de insumos, sino de ganas de resolver. Una crisis producto de una inmensa corrupción y una aún mayor indolencia, negligencia y desidia, que fueron los pilotos, motores y gasolina de este inmenso desastre. La destrucción calculada y sistemática de un sistema público ya golpeado por políticas ineficientes y un progresivo estancamiento incapaz de acompañar el crecimiento demográfico del país en las últimas décadas.
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Es lógico asumir que el primer y más afectado por cualquier crisis es siempre el vínculo más vulnerable de la cadena. En el caso de la salud, ese vendría siendo el paciente. Además de estar en el contexto venezolano, el paciente venezolano es una especie de mezclote de baja escolaridad, histrionismo, déficit de atención y enanismo emocional. Es sumamente dependiente de su equipo de salud, de que todos “hagan las cosas bien”, para poder evolucionar satisfactoriamente la mayoría de las veces. No debería depender también de escudriñar por todos lados buscando lo necesario para que el equipo pueda hacer las cosas bien, eso ya debería estar ahí, proporcionado por quien corresponde. En nuestro caso, el proveedor no es otro que el régimen.
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El problema, es que gracias a la crisis, los insumos e instrumentos más básicos, para atender la emergencia más “pendeja”, dejaron de existir hace tiempo, y todos los días se suman más y más insumos de cada vez mayor jerarquía la ecuación. Ya no es solamente el “Jelco” para una venoclisis, ahora también es el tubo orotraqueal para intubar a un paciente que se someterá a anestesia general para una cirugía mayor (y si es una emergencia, rezar para que en algún rincón del hospital aparezcan los ingredientes necesarios para poder proceder con la cirugía). Ahora también es la insulina, la adrenalina, la dopamina, la difenilhidantoína, el diazepam, la atropina, por nombrar algunos. Cuidado un día de estos hay que pedir una planta eléctrica para poder poner a andar un ventilador mecánico o un desfibrilador. En medio de todo este caos, cierto, está el paciente, cuya vida también depende de: 1. Su capacidad de resolver. 2. La cooperación de sus familiares y conocidos. 3. Su bolsillo (y el de sus familiares y conocidos).
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Pero además del paciente, aunque Ud no lo crea, también está el equipo de salud sumergido en todo esto. Porque cada vez que uno decide “resolver como sea”, se juega el destino. Y gracias a esa capacidad inventiva y creatividad ilimitada, la mayoría de las veces los inventos como una trampa de agua con botellas de agua mineral, salen bien. Mientras salgan bien, se siguen haciendo. Y mientras más creatividad haga falta, más creatividad se desarrolla. Entonces uno ha aprendido a tener un bolsito de emergencia, para cuando fallen los suministros. Y en ese bolsito se llena de acuerdo a las necesidades de su dueño. Si es una enfermera, probablemente tenga elementos básicos para poder “tomar una vía” lo más rápido posible. Si es un interno, pues elementos para resolver suturas, tomas de muestra, y procedimientos que sepa hacer. Si es un residente, el contenido del bolso irá más acorde con su especialidad. Pueden ser medicamentos, instrumentos, elementos varios. Todos a ser aplicados al paciente que llegue en un momento de inmediatez en la que no se permitan los lapsos ni los “no hay”. Porque no poder resolver porque “no hay” no es argumento suficiente en un tribunal cuando el juicio es por negligencia. Además, no es argumento moral cuando el juicio es ante uno mismo.
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La crisis se agudiza. La escasez de insumos es cada vez peor. La solicitud a los pacientes ya no es solo de insumos para un procedimiento electivo, sino que si se presenta una emergencia durante dicho procedimiento, ya no hay como resolverla. A menos que los rezos sean realmente efectivos. Ahora es que nos daremos cuenta. Pero entonces, ejercer en medio de todo este caos, nos deposita en un estado de indefensión atroz. Al no asumir su cuota de responsabilidad del deterioro de la salud venezolana, que ronda un 99%, el régimen (que insiste en decir que gobierna pero que realmente destruye al país) básicamente nos obliga a nosotros a darle la cara al paciente y a ser el receptáculo de todas las consecuencias psicológicas, económicas y sociales del naufragio. Y a ser entonces objeto de violencias, de vejaciones y difamaciones, por nuestra voluntad de resolver por el paciente. Porque nos debemos al paciente, pero nadie se debe a nosotros, a nuestra protección. Porque si consiguen en un bolsito de emergencia una ampolla de un medicamento escaso o desaparecido, entonces no se premia por capacidad de resolver, sino que se coloca una etiqueta: ladrón. Pero si el paciente fallece por no poder aplicársele un medicamento, o tomársele una venoclisis, el o los responsables no escaparán de los estigmas de negligencia e incapacidad.
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Debemos entender que por mejores intenciones que tengamos al atender a nuestros pacientes, en el momento que asumimos el compromiso, también asumimos la responsabilidad de nuestro ejercicio sobre su vida. Si aceptamos atenderlos en estas condiciones que nos obligan a hacer maromas en la delgada línea de atención y malapraxis, estamos aceptando las posibles consecuencias negativas de dicha acción. Si no responsabilizamos a quien debemos por la dotación de nuestros centros, estamos permitiendo que quede en tela de juicio la calidad de nuestro trabajo. Y lo que es peor, al seguir trabajando de esta manera, “resolviendo”, básicamente los eximimos de su responsabilidad con los pacientes. Eso es complicidad con la sinvergüenzura. Creo que es la peor parte.
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Sin dejar de lado la devastación psicológica que recorre al gremio de salud, al no poder brindar un buen servicio, hacer un buen trabajo, tener buenas expectativas o atender en un centro en buenas condiciones.
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Ciertamente escogimos un camino precioso. No hay algo más reconfortante que dar vida, devolverla, recuperarla o mejorarla. Pero no debe ser a expensas de nuestra salud, nuestro bienestar ni nuestra autoestima. Ni mucho menos de nuestra libertad. Nuestro ejercicio es una tarea cuya dignidad es mantenida por quienes la ejercemos, defendiéndola de factores externos que puedan abatirnos. Nuestra obligación trasciende el juramento hipocrático, el primum non nocere, porque no es solamente no hacer daño a quienes atendemos, sino no dañarnos a nosotros mismos.
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Nos ha tocado un momento histórico nefasto, oscuro, enredado, pero nos ha tocado un momento histórico de renacimiento, de rejuvenecimiento, de reconciliación con nuestro compromiso. De unificación y sinceridad. Honestidad. Depuración. Recuperar nuestra posición como pilar fundamental en la sociedad. Un pueblo enfermo no progresa. Un pueblo malnutrido, desatendido, no construye un país. Pero un personal de salud que todos los días pende de un hilo, desanimado, y desprotegido, no trabaja bien. Bajo amenazas no se trabaja ni se aprende. Bajo hostilidades solo se responde con hostilidad.
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Propongo que nos demos la tarea de asumir la reunificación del sector y plantarnos frente a los causantes de la crisis para EXIGIR soluciones rápidas. Dejar de resolver por resolver. Al final, esa posición no ayuda a nadie, porque la causa del problema sigue desatendida. Y nosotros seguimos a merced del azar, para poder seguir ejerciendo. Por eso, siento que hay que replantearse el problema para no seguir girando el círculo vicioso. Eso no es justo para nosotros ni para los próximos profesionales por venir, hoy en “formación”, aprendiendo conductas desesperadas porque no es posible “hacer las cosas bien”.
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No estamos abandonando el compromiso, estamos siendo más fieles que nunca a él.
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