Fase I. Etapa I.

Entre aventuras e inseguridades, va abriéndose el camino que no sabía que tenía frente a los pies.

Han sido 7.5 (siete punto cinco) meses intensos, de un mundo que por fuera, luce no menos que tenebroso. Dolor, indefendible y extinguible condición humana. Definitivo. El diagnóstico es lapidario. El tratamiento, devastador. Aferrarse a la esperanza es el único bálsamo posible.

El cáncer, de las primeras causas de muerte en el mundo. Una entidad que ha conmovido a tantos seres humanos y los ha volcado a la investigación para encontrar una cura, más que cualquier otra causa de enfermedad. Una entidad aún incomprendida, contra la que luchamos sin saber muy bien cómo usar las armas, cómo plantear la estrategia, cómo predecir el resultado. La ruleta rusa de la inexactitud, mientras aprendemos nuevos detalles, vamos entendiendo que cada vez sabemos menos, menos, siempre menos.

Y debajo de todas estas capas de horrendo panorama, que producen en la mayoría de mis colegas, absoluta aversión por la enfermedad y todo lo que tenga que ver con ella, he logrado descubrir todo un mundo de humanidad, para bien o para mal, que ha entreabierto mis ojos, a tantas posibilidades como gente existe en el mundo.

He logrado comprender, al fin, lo que es la relación médico-paciente, desde el punto de vista del médico. Más allá del recetador, está un ser humano friable, que absorbe como esponja el peso de cada día, de cada paciente, de cada diagnóstico. Un efecto secundario no explicado puede desatar ira, una explicación grandilocuente puede provocar el rechazo y la consideración de esta idea: “esta doctora debe estar loca, a mí no me ha dado nada de eso que me dijo que me pasaría con la quimio”.

Ese diminutivo. “A ti no te voy a poner quimio, porque el tumor que tienes no responderá, no tiene sentido que te la coloque”, seguido de aplausos cortos y felices de la nieta de la paciente a quien dirigía esta aseveración. Satisfacción. Preocupación, angustia, pánico: “¿Y me va a poner quimio (en caso de recaída, con la coletilla: ‘otra vez’)?” Vivir en la eterna negación. Hay quien la pide como si se tratara de la cura absoluta, “póngamela, luego que me operen la cadera fracturada, pero póngamela”. Pero lo más doloroso, es afrontar el hecho de que el camino se cierra, la calle enceguece, es el final, “ya la quimio no va a hacer nada, mejor dejamos descansar en casa, con su familia, comodidad, hasta que el desenlace inevitable llegue”.

Qué difícil se hace confiar. Qué difícil es ser bastón. Qué difícil es guiar con sensatez, y escuchar con atención. Siempre, reforzar. Nunca ignorar una duda, ni darla por resuelta cuando la expresión en el rostro del paciente es de absoluta inexpresión. No entendió, de nuevo a explicar. Hasta que asiente, o llora, o dice alguna cosa corta y sorda que indica que la idea penetró hasta su cerebro, se instaló en el lóbulo parietal, fue desglosada e internalizada luego al temporal y al hipocampo.

El cabello. Ese triunfo, que tanto cuidamos para vernos suculentos ante el resto del mundo. Esa marca registrada que nos distingue y nos separa de otros seres humanos. Cae. Luego nace de nuevo. Pero cae primero, entero. Vivir lo suficiente para verlo crecer íntegro.

Pesa. Persiguen hasta en sueños. La mente no para nunca. Qué hacer, qué buscar, qué recetar, qué decir. “No le vaya a decir, por favor, es que si llega a saber que tiene cáncer, se va a deprimir, no lo soportará” (a pesar de que el paciente está siendo ingresado a un hospital oncológico donde sólo se ven pacientes con cáncer, aún hay quien no sabe que un tumor está haciendo todo lo posible por acabar con su cuerpo). Hablar por un campo minado, midiendo cada letra de cada sílaba como si se tratara del detonante de la tercera guerra mundial.

Entre jóvenes, el temor. Quién creerá que a los veintitantos, habrá una mutación en alguna parte y crecerán bultos de malignidad en un cuerpo joven, sano y fuerte. Pero las hay.

No poder dar lujo de detalles, porque los detalles, esos son unos afeadores del panorama. No explicar que cada complicación les acorta la vida.

Sólo saber llevar la humanidad de cada paciente a cuestas, saber barajar cada contexto. Saber extender la mano, ofrecer una sonrisa, brindar para ellos un espacio libre de miedo.

Aunque yo esté aterrada.

Anuncios

Acerca de saraceci

I absolutely love Radiohead, except for "Creep". I'm conscious of how dangerous life can be, and yet I have no idea of how unbelievably dangerous it can get.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s