Escasez

Yo todavía estoy intentando entender. Me entristece que el presente y el futuro cercano de mi país se reduzcan a la adoración de la imagen metafísica, bonachona e inexistente de un presidente que no trajo felicidad, unión o abundancia a un país entero. Muchos lloran a un líder. Yo sólo reflexiono y saco cuentas. El balance del legado es negativo a mis ojos, porque destruyó las esperanzas de reconciliación de ambas mitades. De haber sido un presidente conciliador y no conflictivo, hoy mis palabras fueran diferentes. Pero él nos enseñó a despertar el odio más profundo, hacia el adversario. Nos desvió de la lucha justa e igualitaria, nos pisoteó la voluntad de disentir, nos exprimió los deseos de participar, nos infundió el miedo de alzar la voz ante la represión. Nos enseñó a conformarnos con el silencio y a resignarnos con que nada podríamos cambiar porque no tenemos cómo hacerlo.

Venezuela está en la antesala del que promete ser, aun el capítulo más oscuro de su historia contemporánea. Un pueblo profundamente dividido, llamado a aniquilar, a obliterar a su “enemigo”. Un pueblo indefenso ante los embates económicos y sociales en pleno desarrollo, pero ciego de gratitud por un hombre que gestó gustoso el caos que vive hoy el país. Un pueblo confundido, desorientado, llamado a apoyar sin mirar atrás a una figura sin ideas por un deseo premortem, arrojándonos a la boca de los lobos que pronto vendrán a pedir lo que es suyo.

— Primer fragmento: Mayo 2013 —

Desde ese entonces, y sin necesidad de ser adivina, he visto confirmada mi premonición. Si nunca se cambiaron los factores, el producto no podía ser distinto. La pendiente se ha agudizado a velocidad vertiginosa, el cerco socioeconómico se acomoda y aprieta el cuello venezolano. Nos instalamos en el “modo supervivencia”, sacamos a pasear a la impaciente desesperanza. Iracundos. Buscando culpables que todos saben dónde ubicar.

Se baja más rápido de lo que se sube. En los últimos meses, podemos decir que la catástrofe se ha apoderado del día a día venezolano, sin dejar alguno ileso para el disfrute y el alivio mental de todos nosotros. Hay una sensación de inminencia que todos podemos palpar sin lograr determinar con exactitud. Miedo, hambre y balas es lo que pareciera dictar el devenir de estos últimos y próximos meses.

Algo comienza a retozar en la parte trasera de las cabezas de muchos venezolanos: quizás no son tan capaces de liderar al país hacia el siglo XXI como el “eterno comandante galáctico” (porque ahora así se expresan de Chávez, y así quieren que nos expresemos de él) nos había hecho creer. La primera derrota es, bueno, quien debería ser la primera figura del país. El presidente brilla en un sólo departamento: carencia. Carece de carisma, experiencia, sabiduría y hasta léxico para dirigir al país y continuar “construyendo el legado socialista” de you-know-who. Un hombre que subió la escalera política desde el vagabundo sindicalismo obrero en una empresa donde su historial laboral es patético, hasta un desempeño cuestionable como funcionario de Estado (incluyendo la Cancillería del país), ya que desconoce aspectos tan básicos como la organización político-territorial de Venezuela. La segunda derrota viene a ser la militancia política del partido de gobierno hoy por hoy fragmentado, con luchas de poder evidentes entre sus distintos representantes populares, en el Gabinete Presidencial y los gobiernos regionales. La tercera derrota, la más dolorosa, las más humillante, pero la que nos iguala a todos en ese mazacote de ira, tristeza, y desesperación, es la crisis económica arrolladora y la incapacidad de resolver los problemas sociales que (15 años de “socialismo”) no han conseguido aliviar.  Cada día somos más pobres, estamos más restringidos y vemos menos posibilidades de salir adelante de manera honesta. Se cierra el cerco.

La tensión es palpable. Pero, desobedecer al “padre”… Muchos prefieren desobedecer al biológico (de tenerlo) que al político. Sin embargo, la ineludible realidad obliga a muchos a revisar sus decisiones y preguntarse hasta dónde pueden permitir que esto llegue, sólo por obediencia ciega al deseo de un moribundo, que mintió sobre su enfermedad apenas meses antes para convencer a la muchedumbre seguidora de que estaría aquí por muchos años más, y velaría por el cumplimiento de su sueño junto a su “pueblo querido”, con el fin de lograr mayoría electoral. Apenas 2 meses después de su último triunfo, abandonó de nuevo Venezuela a tratarse la enfermedad en otro país. De ese viaje no regresó a poner orden, y en su lugar quedó un hombre muy verde en materia política, pero de la entera confianza del “padre de la revolución”. Quizás Chávez “lo puso” (y el pueblo obediente lo ratificó vía “Chávez te lo juro”) ahí porque sabía que lograría el colapso económico venezolano con mayor rapidez. Quién sabe.

Lo cierto del caso es que de marzo a hoy, ya son menos los que creen en el Delfín PSUVista. El peligro de perder al país se acrecienta, a pesar de intentos dispersos y superfluos de evitar que esto se nos escape de las manos.

Y es que percibo que realmente nadie sabe lo que hace. El “país de las crisis” como lo he apodado desde hace años, se quiebra. Pasamos violentamente de un problema a otro, de un problema de abastecimiento alimentario a otro de suministro eléctrico a uno de derechos humanos y a la crisis penitenciaria. Parece que es el país donde todos hacen lo que “les da la gana”. Donde no hay autoridades de ninguna índole. Donde presos se masacran y se sacan corazones bajo la mirada siempre inoperante la Ministra de Asuntos Penitenciarios, que conversa con “pranes” (presos de alta jerarquía) como si lo hiciera con familiares, nunca con miras a resolver la crisis, y recurre para culpar por estas reiterativas calamidades, sin haber asumido previamente el rotundo fracaso de su gestión (y creativamente, como siempre) al gran enemigo de la revolución, la IV República, ese monstruo – neoliberalcapitalistafascistacorrupto – fabricado alguna vez hace 15 años por una avasallante personalidad, para apoderarse de uno de los países petroleros más ricos, pero más pobres, del mundo. Donde el Ministro de Energía Eléctrica promete resolver en 100 días el problema de distribución (o de lo contrario, su renuncia), y unos 4 meses después, a pesar de no haber cumplido ninguna de sus dos promesas en el lapso previsto, ocurre un apagón nacional que no fallan en calificar como “sabotaje”, primero enmascarado torpemente como falla eléctrica, antes que el glorioso presidente lo llamara “un acto de saboteo de la derecha fascista” o cualquier otro disparate. El eterno enemigo inexistente, el fantasma invisible contra el que parecieran no poder luchar. El legado del comandanteeternogaláctico.

Es un país con hambre, donde conseguir un kilogramo de harina de maíz, o de azúcar refinada, un litro de leche o un paquete de papel sanitario (y racionados para el consumidor), se ha vuelto una odisea de la altura de la de Ulises, y donde un gobernador, declara sin ningún rastro de pudor, que fue rezando al alma de Chávez, que lograron salvar las cosechas de maíz. Mientras hay más de 600 fincas confiscadas por el gobierno socialista, hoy sin producción agropecuaria, y un gasto Estatal de 600 millones de dólares (¿socialistas?) para comprarle a Colombia, pues… comida. Importamos la cena porque ya no somos capaces de producirla por nuestra cuenta.

Hay algo que serpentea en lo que los gringos (jeje) llaman the back of my mind de cada vez más venezolanos. Cada quincena, serpentea más fuerte. Muchos no lo pueden afrontar. Mucho menos admitir. Ni siquiera fingen que saben que la crisis nos está tragando poco a poco a futuro vivo. Aunque en silencio, en la privacidad de sus conciencias, muchos comienzan a darse cuenta, de que este cuento “socialista” quizás, fue sólo más de lo mismo que hemos padecido por tantos años: corrupción, corrupción, robo y corrupción.

Y la escasez siempre ahí, la única constancia en estos tiempos tumultuosos.

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Acerca de saraceci

I absolutely love Radiohead, except for "Creep". I'm conscious of how dangerous life can be, and yet I have no idea of how unbelievably dangerous it can get.
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2 respuestas a Escasez

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