Venezuela Crónica (Pt. I)

Desde hace días, baila por mi cabeza escribir ALGO sobre lo que vivo en lo que vivimos en Venezuela. La idea no termina de cuajar, como el país, como la crisis, como la solución a todo este gigantesco desorden.

El resumen es innecesario.

Anécdotas que colisionan en lo mismo: una mirada perdida, una voz quebrada, un dejo de desesperación al final de la interrogante que todos, después de una corta reflexión, hacen. Hace tiempo esto trascendió a ese día en la mitad del mes primaveral, abriendo las puertas a una inundación de incertidumbres, y por primera vez, al paredón al final de la calle ciega.

Voy camino al trabajo, manejando un carro que compré amasando todos mis ahorros y parte de los de mi papá, un carro usado que vale casi el doble del precio estimado para un carro nuevo, comprado en un concesionario. Claro está, de haber carros, y no listas de espera, en los concesionarios, siendo así porque no se ven carros nuevos en concesionarios desde hace meses. Manejo con los nervios crispados cada vez que escucho una moto pasar a mi lado, porque ya viví un asalto motorizado a mano armada y a las 6 de la mañana, mientras iba camino al trabajo. Comparto el viaje con mi papá, porque mi trabajo está en el curso del camino hacia el suyo. Él teme por mi vida, no quiere dejarme manejar sola el carro. No para de repetir comentarios que sus conocidos le han hecho: “cuídala mucho, unos malandros la ven sola y pueden bajarla del carro y quién sabe qué le harían.” Siempre que me cuenta eso, entristezco un poco. Llego sana y salva al trabajo, luego de esquivar varios huecos, infractores, peatones abusadores, choferes de busetas psicópatas.

Lista para comenzar a trabajar. Pero antes, recibimos una clase de una hora, que puede extenderse a hora y media, para discutir casos clínicos o artículos interesantes sobre nuevas técnicas diagnósticas o tratamientos vanguardistas de patologías que desde hace años nos rompen la cabeza. Siempre terminamos las discusiones con un sinsabor amargo, porque en el fondo, sabemos que Venezuela no alcanzará por los momentos, los estándares internacionales de diagnóstico y tratamiento de numerosas patologías del niño y el adulto, que otros países vecinos, sin salir del continente, sí han conseguido instalar y desarrollar sin pausa.

Salimos de clase, y es hora de atender a pacientes en la consulta externa. Primero, una dulce septuagenaria con ojos vidriosos por la vida vista, diabética, hipertensa, polimedicada, que viaja de otra parte de la geografía nacional para ser evaluada por un “buen médico”. En el poblado que habita, al parecer, no hay galenos que satisfagan su necesidad de atención médica de primera calidad. La examinamos y le indicamos una serie de pruebas de laboratorio e imagen para curucutear en su cuerpo y ver qué es exactamente lo que necesitamos compensar, porque a ciencia cierta, nos venimos conociendo. “Dr. Por favor hágame una receta para el medicamento pero con otro nombre porque este tengo meses que no lo consigo.” Esa frase se oye con demasiada frecuencia en la consulta, con todo tipo de medicamentos. Pareciera que lo único que no escasea es la Aspirina®, y a veces, hasta esa es difícil de conseguir. La Enfermedad en Venezuela, se ha convertido en artículo de Lujo.

Viene otra paciente, de la misma edad, pero con otra enfermedad. El hiperparatiroidismo es algo que no debe dejarse sin atender. Hay que realizar pruebas constantes de niveles en sangre de Parathormona (PTH), la hormona responsable de todo el trastorno, así como Calcio iónico, y 1-25 Vitamina D, para corroborar que el tratamiento está surtiendo efecto y que quien lo padece está fuera de peligro. La paciente nos entrega los resultados y la factura que refleja el costo total de las pruebas, las cuales debe hacerse en un laboratorio privado y especializado, porque hace años que en los laboratorios públicos esas pruebas no se hacen. En la factura del laboratorio, al lado de “PTH” está escrita a pulso una “F” (de “falta”). La paciente nos explica que en el laboratorio le dijeron que podía pagar la prueba en ese momento y realizarla después, porque en ese momento no contaban con los materiales necesarios para ello. La paciente fue al laboratorio, luego de eso, en varias oportunidades. La última respuesta fue vía telefónica: “Señora, venga a buscar su dinero porque no sabemos cuándo podremos realizar la prueba que Ud. necesita”. Yo no lo podía creer.

A continuación, un paciente con una falla en la función renal, aún sin causa precisa. Se cuida con tratamiento para la tensión, dieta estricta, ejercicio. Interrogándolo, nos damos cuenta que no había acudido al control por más de 2 años, con un régimen inicialmente semestral. Su cuadro, previamente estable, se había descontrolado, con un marcado deterioro de la función de sus riñones. La respuesta a nuestra pregunta, por qué no habías venido antes, fue: “Dr., la situación no está muy fácil. No podía costear la consulta, el año pasado fue económicamente malo, pero bueno, ya me sobrepuse y aquí estamos de nuevo” [venía con su esposa]. Luego de conversar un rato, tomamos los resultados de sus examenes de sangre, al tiempo que preguntamos sobre su régimen alimentario. Primero volteó los ojos, con cierta incredulidad: “no estoy haciendo desastres, pero no como bien, es difícil conseguir la comida  como debe ser”. Sus marcadores de función renal estaban francamente peor.

Brevemente, entre pacientes, atendimos a la hija de un paciente que habíamos visto hace pocos días, con un deterioro impresionante de su función renal, en necesidad de diálisis y sin poder esperar mucho tiempo. La hija, muy amable, nos explicó que debía moverse rápido porque los cupos son muy pocos y en el centro donde dializan a pacientes con hepatitis, le estaban ofreciendo una oportunidad de oro a su padre. Necesitaba un informe médico explicativo para poder tramitar a la brevedad posible su cupo en un centro público de diálisis. Lo redactamos rápidamente en una computadora e imprimimos varias copias para que lo llevara rápido, y lograra, quizás, salvar a su padre.

Anuncios

Acerca de saraceci

I absolutely love Radiohead, except for "Creep". I'm conscious of how dangerous life can be, and yet I have no idea of how unbelievably dangerous it can get.
Esta entrada fue publicada en Nuevo, Verborrea. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s