Largo

Miro con envidia y un poco de nostalgia la luz blanca que languidece tras nubes rosadas que tatúan el cielo crepuscular con un aire de surrealismo codificado en los zamuros que planean sobre basureros de concreto elevados sobre sí mismos por encima de la tierra plana, demostrando que el hacinamiento suburbano es aún más mortal que un balazo en la base del cráneo. La luz es anaranjada y languidece tras enviar a cada ser viviente que sepa entender, su invitación al banquete que ha de celebrarse en el funeral de la esperanza, mientras la noche se aventaja de su matrimonio con las sombras y cubre de violeta lo poco de cielo que queda a la vista del desamparo del smog que sumerge a propios y alquilados en una atmósfera de fríos calorones de otoño primaveral lleno de diatribas como ¿por qué, si me amas, no me amas con amor?

Ya no hay luz [policrómica] de este lado de la pseudoesfera pseudodestruida pseudollamada Tierra. Ahora de nosotros se encarga Alva Edison engañándonos con su ingenio mientras de un soplido breve y sistemático, robó de nuestros cuerpos el sueño y nos hizo olvidadizos de la noche y su potencial valor onírico, de su utilidad para dormir y no para despertar vivos. El examen físico del cielo sideral se ve comprometido por densidades vaporosas flotadoras llenas de pesadez y culpa ajena, que amenazan con lluvia de madrugada y frío y olvido y oscuridad y ausencia. Ausencia sofisticada de una luna nueva que acuna la imagen de la madre arrullando un pedazo de su ser, una parte de su carne que la parasita aun fuera de ella hasta que se desprende para volar y se posa cual langosta sobre otro cuerpo desgastado y debatido y también se da cuenta de su potencial parasitabilidad. Sólo entonces, decide morir enterrando sus colmillos de ser muriente entre los esternocleidomastoideos de otro como ese “humano”, tras los que se refugian las carótidas sedientas de sangre oxigenada proveniente de un corazón delirante que se contrae rítmicamente errante dentro de un pecho aprisionado por la falta de falsas libertades que algún [ese] otro ser, otro vivo tan sólo por defecto, busca con afán y con ahínco de buscador empedernido de antigüedades que han sido desgastadas por las mareas altas y bajas de un mar de millones de ideas que por milenos azotaron a la mente humana y la involucionaron hasta conseguir impulsarla a ser lo que es hoy: un esbozo de excremento.

Este es un espectacular vuelo de imágenes simultáneas… Mientras, mancho y desmancho con mi respiración el vidrio polvoriento de mi propia ventana mental invisible cuando me asomo a vislumbrar el abismo de la inseguridad que me producen respirar y latir. Cuento las veces que me observo como una ingenua partícula aventándome hacia fuera de mí misma en una expedición hacia el sur de la antártica y el norte del ártico, más allá de los cinturones de fuego que sancochan las metas posteriores a la supervivencia de sus embates; en la que voy sólo con la condición de verme acompañada por un gran número de mis pensamientos, que hoy no están sino conservados en un frasco de almíbares euglicémicos preservadores de memorias ajenas dignas de perpetuación y capacitación:
para acudir llorando
en el debido momento
a la evasión del engaño
del reloj y el calendario
y suplicar el ruego
de hacerse una sola
[memoria]
con el movimiento
acinético
del universo.

Nadé por cierto entre las dunas de mis dudas, contando los minúsculos átomos de oxígeno que adornaron como lluvia delincuente el aire que respiré por un minuto diferente, y por esto me separé de la ventana con las lágrimas aturdiendo mi escueta percepción visual de las cosas que me acosan en un círculo de constipaciones imaginativas. Mi percepción visual, escueta y moldeada para aceptar aquello que suele ser de conveniencia ajena a cualquiera pero directamente vinculada conmigo, porque, al final del día, estos ciegos [enceguecidos] ojos, siguen viendo lo que controla lo que me acosa a mi alrededor. Sigo separándome de mi cuerpo cuando cuento los saltos al vacío lleno de aire que drenaron de mi alma los vestigios de coraje y ahora invitan a mis lágrimas a comparecer y acentuar mi indignación al sumergirme en una de las manifestaciones más patéticas de autocompasión que puede exhibir una niña que carece de amor propio y convicción contundente de su calidad de desequilibrio desestabilizador de las fuerzas de la naturaleza, preconcebidas para acabar con los débiles de espíritu y fuertes de voluntad coja y patichueca. Pero no aflojo los sacos lacrimales, no le doy el placer a mis mejillas de humedecerse con las lisozimas oculares que protegen ahora mis córneas indefensas de los embates de gérmenes putrefactos tan indefensos que están con nosotros desde el nacimiento del universo.

Me paro fuerte de frente a mi destino y le deletreo con mis labios llenos de ansias y besos lo que tanto ha querido escuchar durante más de 20 años: V-E-N-C-I-S-T-E. No busco hacerle la existencia más imposible de lo que ya es, porque su invariable inevitabilidad lo convierte en su propio sacrificio, su propia mutilación de espíritu, su propia causa de suicidio. El evadirlo le obliga a mirarse a sí mismo dentro de su camino andado innumerables veces y compromete la integridad de su discurso “original e irrepetible”, repetido por tantas bocas que en algún momento de su ciclismo creyó estas falacias por verdaderas. El buscar mil vueltas alrededor de sus vías confluentes con las de otros caminos andados innumerables veces le impide evitar su imagen en el espejo, le exige mostrarse ante sí como un ser desprotegido de su propio destino, y le deprime las ganas de seguir caminando sobre su propio eje.

Acepto la derrota y espero ya a la muerte, vaticinada como una hemorragia de luz blanca oculta por un montón de años de vida oculta en oscura penumbra, llena de libertad esclavizante, enfermando aún más a quienes creen en sus poderes curativos.

—-

Caracas, o mi ciudad de la Furia.
Algún momento de 2008 o 2009… Por una eventualidad a la hora de formatear la laptop, perdí la fecha exacta del parto de este escrito.

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Acerca de saraceci

I absolutely love Radiohead, except for "Creep". I'm conscious of how dangerous life can be, and yet I have no idea of how unbelievably dangerous it can get.
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