Sabe a despedida

Quiero que seas feliz. Eso fue lo que me dijiste. No dijiste lo otro, sino eso. Que a pesar de todo, de lo que viniera o dejara de venir, a pesar del espacio y el tiempo y el doblez de los mismos sobre nuestras cabezas. Pero entonces pasaron otras cosas y a mí se me olvidó. A pesar de haber repetido varias veces, que mi felicidad era lo primero, y lo demás lo secundario. Pasó el tiempo y se vino la distancia. Y entonces llegó el silencio y unos momentos y emociones nuevas, reemplazaron las añejadas por la costumbre de su eterna permanencia. Sabiendo que esto sigue siendo inútil, sigo cavando una madriguera, donde esconderme de las inclementes fuerzas de la naturaleza del amor. Sólo quiero protegerme de ESTE amor. Comenzar la limpieza de los escombros, sacar la basura, dejar uno que otro rastro tenue, y seguir arrastrando la vida.

Yo no sé lo que es. Porque ya estaba al tanto de su inviabilidad. Algún germen esperanzador que creció con los períodos de ansiedad mezclados con los suaves y breves y surtidos vendavales de felicidad compartida resultando un cóctel mortífero bebido con la impotencia de no sobrevivir a las circunstancias adversas. Consecuencias de un vástago bárbaro de esperanza, que se hizo con la certeza de lo poco que tendría de ganar en todo esto, magnificando ante mis ojos las escasas probabilidades, hasta bloquear completamente el horizonte limpio y libre en el que durante años, invertí mi alma entera en construir y despejar. Por eso a veces, yo detesto a la esperanza, y evado tu mirada y prefiero conversar con el suelo, aunque a ti eso te moleste y percibas que intento esconderme entre las capas del subsuelo o lo profundo de tu pecho.

Durante años. Desde el primer momento, el primer beso, el primero de tantos pisotones cardíacos. La primera lucha contra mi fatalismo, y mi teatrismo, mientras intentaba ceder ante el sentido común y desarraigarte de aquí. Bendita sea la distancia, esa ceguera modificada amiga de tantos sinsabores, amargores y curaciones. Los dolores no son sabrosos, pero tengo mucho más que agradecerles a ellos que a las carcajadas.

Sé que probablemente leas esto, aunque también, no. Ya te he escrito tantas veces, durante todas las que he estado consciente y en pleno uso de mis facultades, que no me sorprende sino una sonrisa curvando mis labios, a la espera de que esta sensación de ahogo desaparezca pronto. Disfruté enormemente pelear contigo en tercera persona, al mismo tiempo que nos embadurnábamos de caricias cibernéticas, a falta de una forma más física, que no presencial, de amar. Adoré las confesiones y las lágrimas, nunca es más sabroso llorar que en compañía de un amor sincero y de corazón. Y los abrazos, simplemente no tuvieron precio. No lo tienen. No lo tendrán, tampoco tendrán un olvido absoluto. De ellos quiero recordar únicamente la sensación de seguridad y confianza plena que los acompañó.

Sabe a despedida. Siento que no puedo cargar más con un minuto de… bueno, de esto. Así sea por la fuerza de la sublimación, esto tiene que desaparecer. No hay frases tergiversadas, ni suspiros entrelineados, ni deseos fervientes de que una materialización instantánea tuya ante mí surta los efectos esperados, atrapados entre las palabras que hoy derramo sobre este blog, a manera de entrada sumamente personal y verdadera. Mis sentimientos son muy burdos, quizás. Puede que resulte muy “Querido diario”. Puede que resulte otro derivado de mi excesiva teatralidad patológica, histrionismo incurable de mi alma. Algo con lo que no estés de acuerdo. Pero esto no es para ti, aunque tú lo hayas inspirado. El móvil, simplemente, no te compete, así como tampoco la finalidad.

Quisiera ser de alma blanda y sumisa, maleable.

Pero si me amas, no me dejarás ir?

Yo necesito dejarte ir, pero algo no me deja. Algún absurdo que no sirve para simplificarme la vida, y a pesar de ello, sigue allí. Ya descubriré lo que sea que estanca el mecanismo, lo removeré y seguiré mi camino, libre de ataduras y de culpas.

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Acerca de saraceci

I absolutely love Radiohead, except for "Creep". I'm conscious of how dangerous life can be, and yet I have no idea of how unbelievably dangerous it can get.
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