Promises

A momentos, pareciera tener la solución. Son breves momentos. Esos de las manos sudorosas y entrelazadas en nervios o las miradas cruzadas como balas de guerra, o los besos omitidos por el momento inadecuado. Dijimos que sí. Prometimos que nunca. Alzamos una plegaria platónica de amor permanente. Venceríamos los espacios y los espacios de los tiempos. Una era sería nuestra aunque fuera una mentira.

Y luego saltamos y nos olvidamos de la distancia del salto. La fe y la ceguera nos ayudaron a quitarnos el miedo amarrado con fuerza a las circunstancias. Yo saqué unas cuentas, tú sacaste otras, y por unas horas terminamos siendo cómplices, y felices. Eso quiero pensar. Yo entendí que tu abrazo, amado, sí sabe rico. No son patrañas de la ciencia, ni majaderías de malos poetas. La sincronía no permitida de los cuerpos aplastados por un monosílabo, es gloriosa. Te abracé por la espalda y algo se deshizo. Tu tótem. Y algo más.

Entre manos venía una turbidez de espíritu impensable, inimaginada. Yo aturdí al cansancio de desearte con un suave suspiro de victoria, efímero y ligero. Nada comparable con el peso de la culpa o la confusión. Me gustaba amarte sin pedirte, porque no eras mío. Me gustaba amarte con angustia, porque ese amor era limitado y no se atrevía a contemplar echar raíces para desbaratarme las emociones. Iba, venía, estaba y se marchaba a ratos, para acurrucarse de nuevo a los pies de mi límbico. Me dejaba dormir, me dejaba pensar en otras cosas. Ese amor era limpio y generoso, me daba oportunidad de entender que los días que pasaban eran míos.

Extraño ese amor pueril. No se subsanó, se subrajó. Algo se salió del engranaje, dejamos de ser perfectos, flotando en un salto eterno. El abismo me confunde con cada día que pasa, siento que caigo y caigo y no sé si bajo y subo o me sacudo el polvo o sigo sin rumbo. No sé mirarte, no sé hablarte, no eres el mismo de mis promesas de cuando dijimos “para siempre, hasta nunca, más allá del pensamiento”. Antes tus palabras eran vida. Tus palabras me pesan tanto como la incertidumbre de no saberles la respuesta.

Dejé de conocerte. Te desbarataste, vienes por otro lado. Ya no vienes. No entiendo qué pasa. La armonía perfecta de nuestra telepatía no tiene cabida. Cerraste el acceso, o fui yo primero y tú me seguiste el juego. Tengo miedo, tengo pena, tengo preguntas y tengo rabia.

No éramos así. Ahora, no somos. No mido distancias ni contundencias, donde antes el parpadeo me bastaba para saber el impacto de mis silencios sobre nuestro sentimiento. Perdí el rumbo de nuestro tiempo compartido. Era más fácil acurrucarme en tu pecho a falta de refugio discreto, ahora tu pecho se aleja de mi cara y yo me siento frágil. Recuerdas cuando me hablabas con la sonrisa? El tiempo se ha encargado de doblarme la paciencia. El cuerpo pidió tregua, y le ganó al alma la batalla. Después, un momento después, sonaron fragmentos, pero yo no entendía.

Y lo que se resquebrajó fue la promesa.

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Acerca de saraceci

I absolutely love Radiohead, except for "Creep". I'm conscious of how dangerous life can be, and yet I have no idea of how unbelievably dangerous it can get.
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