R-O-J-O

Rojo es el cielo esta noche. Rojo, de nubes sangrientas y aves de carroña.

Apostados los vivos al borde de la vida, entre la muerte y el tiempo, entre la ilusión de la seguridad de su destino y la realidad de la inseguridad de un camino inexistente pero cierto, constipados de recuerdos y preguntas, de dudas y lágrimas azules y verdes, todas sus esperanzas esperando conocer el sabor de la caída libre, el beso de la gravedad consagrada al suelo, y la redención de la libertad condicionada por el cese de la vida.

Rojo es el corazón latiente de todos aquellos olvidos reiterados en cada nuevo ser que pasa silencioso por el mundo, confundido, sin más oportunidad para sobrevivir que la fantasmagórica felicidad, combustible inagotable de las vidas de nosotros los humanos.

Rojo es el hado de los valientes, los cobardes y los estúpidos, todos ellos juntos y revueltos en la propia confusión de su identidad mezclada e indefinida, los que se entregan ciegamente al pensamiento ajeno del vecino que es tan analfabeta como ellos, y dan su vida como ofrenda desgraciada en el desprecio, para el estudio de las estrellas más cercanas y lejos del alcance de los dedos de araña de los curiosos, sin mayor consideración a la belleza de la vida dentro de una caja escondida de todo mal impune, envuelta en la bruma del sinsentido y el aislamiento, permaneciendo perfectamente quietos a merced de su propia glucorraquia y mirando a través de muros de cristal [que son no más que su propio continente] a todos los que persisten a la intemperie, devorados ellos, los desprotegidos, por los hombres devoradores de hombres, por las aves de carroña devoradoras de cadáveres, por el viento indolente devorador de ideologías y recuerdos. Se tiñe el suelo de rojo y de blanco la amnesia retrógrada incansable.

Roja es la consciencia de todos los que tienen consciencia de omisión, que es el mayor de los pecados terrenales, el peor de los castigos para el mundo sordo, ajeno a las súplicas arrojadas en el llanto del infante recién aparecido sobre la faz de la tierra, sumido en los tambaleos de sus habitantes alcanzados por la tristeza incólume, inalcanzable para toda forma de salvación.

Roja es, entonces y también, la letra que escribe hoy mis palabras, porque he pecado y a expensas de los hechos y los desechos, he sufrido y he llorado por culpa suya, de ese pecado infinito que va a acosarme fielmente por el resto de un buen tiempo [quién sabe, incluso puede hablarse del resto de mis días, aunque espero que no así, no tanto] y hasta que el aire árido se escape de mi cuerpo y ya no pueda flotar más en el Océano Pasado [no Pacífico].

Roja es la vida, colorida y variadísima, en sus matices carmesíes y rosas, blancos para los daltónicos, y negros para los ciegos y enucleados, llena de todos los vacíos que puedan conseguirse a la vuelta de una esquina redonda, que da vueltas sobre sí misma, tan cíclica como el tiempo de un siglo de aislamiento y caminos polvorientos ajenos al espejismo del progreso escurridizo, reservado sólo para unos cuantos que se rehúsan a caminar, y suelen llegar al final de su estera por medio de un vuelo que corta en dos el aire y forra de nuevos rojos el cielo azul.

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Acerca de saraceci

I absolutely love Radiohead, except for "Creep". I'm conscious of how dangerous life can be, and yet I have no idea of how unbelievably dangerous it can get.
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